lunes, 10 de octubre de 2011

¡Feliz Cumpleaños!

domingo, 9 de octubre de 2011

Cuentos de hadas.



Las buenas historias se escribieron para reemplazar las realidades inaceptables. Cuando uno ve esas historias de amor en las películas, sueña con tener esa misma experiencia en la vida real y cuando ese sueño dorado no se cumple tal y como le sucede a las grandes estrellas, sentimos que simplemente el amor no existe.
Yo era de esas. Creía que el amor verdadero existía sin condiciones ni ataduras. Que existía un cuento de hadas hecho a mi medida, en el que lo único que faltaba éramos yo y mi príncipe azul. Creo que por eso existen tantas decepciones amorosas. Las personas creen que los cuentos de hadas se escriben solos y que inevitablemente uno llegará al suyo y no tendrá que mover un solo dedo, pues el destino se encargará del resto. Eso no es cierto. Si algo he aprendido es que si quieres un cuento rosa, tú mismo tienes que escribirlo. No esperes a que el destino te envíe a tu príncipe azul, ni le eches la culpa si éste nunca llega. No debes dejar de creer en el amor, sólo porque tu historia no es como lo viste en las películas o porque no es como te dijo Walt Disney que así debía ser. Las historias de amor son para crearse, para vivirse. Te topas con decenas de personas en las que crees haber encontrado el verdadero amor, y en tu cabeza dices "éste (a) sí es el bueno", sólo porque sientes mariposas cuando lo ves. El amor no son mariposas. Y cuando descubres que no es como quisieras que fuera, te decepecionas porque el destino no hizo lo que tú querías que hiciera. Te aviso algo: el destino actúa por sí mismo, no esperes que haga lo que tú quieres que suceda. Entonces no sería destino, si no capricho tuyo. Y los caprichos se pueden hacer en cualquier momento, el destino sólo actúa una vez en la vida. Comprende, hay cosas que no fueron hechas para ti y lo mismo pasa con las personas. Simplemente hay seres humanos con los que nos encontramos alguna vez pero en sus destinos, nosotros sólo aparecemos por un momento. No te aferres al destino de alguien más, si no estás contemplado desde el principio. Creéme, por más que quieras permanecer por el resto de su vida, no podrás hacerlo si en su destino no apareces. Sigue adelante, sigue buscando esa casualidad de tu vida que te ayude a escribir tu propio cuento de hadas. Además, si lo escribes tú, será mucho mejor porque al final de tus días, te sentirás satisfecho de haber hecho lo que debías y no lo que era mejor para los demás.
El amor sí existe, pero para comprobarlo tienes que ser tú quien escriba cada renglón. No esperes un cuento ya escrito, porque entonces ya no habrá emoción. No te desilusiones si crees que la vida ya no tiene nada para ti. Recuerda que los mejores momentos se crean cuando menos lo esperamos. Manten bien abiertos los ojos y siempre lleva una pluma y papel contigo.. uno nunca sabe cuando se está en frente de la mejor casualidad de su vida.
Por cierto... aún sigo creyendo en ellos.

domingo, 3 de julio de 2011

Llena de recuerdos



Atreverme a regalar todos esos objetos que marcaron mi infancia, no fue fácil.
Siempre me rehusé a la idea de deshacerme de todo aquello que alguna vez me hizo feliz: mis juguetes. Ellos me regalaron momentos de diversión, ternura, emoción y alegría, pero hoy son sólo objetos que ocupan un espacio en el armario. No me gustaba la idea de hacerlos a un lado después de haber sido tan generosos conmigo, pero me di cuenta que lo único que estaba logrando, era llenarme de recuerdos. Y ya no quiero más recuerdos.
Es cierto que recordar es volver a vivir, pero el problema se torna grave cuando dejas de vivir por aferrarte a esos recuerdos. La vida no volverá a ser cómo antes fue y los objetos sólo te recuerdan cuán feliz fuiste y jamás volverás a ser. Porque aunque en la vida tengamos muchos momentos felices, la infancia es una etapa en la que la felicidad es pura, sincera, sin materialismos, ni hipocresías. Es una felicidad que jamás volverás a experimentar.
Así que me armé de valor y saqué de esos cajones, todos aquellos juguetes que una vez me hicieron tan feliz. No es que ya no los quiera o que ya no me gusten, pero ya no quiero vivir recordando, es necesario seguir adelante y saber que el tiempo no perdona y si no caminamos hoy, mañana podría ser demasiado tarde.
Así que agarré una caja y casi con los ojos cerrados, saqué uno por uno. Tratando de no recordar lo que había vivido con ellos. ¡Qué difícil fue! Pero tenía que hacerlo antes de que ellos me comieran viva.
No digo que no me fue complicado, pero una parte de mi no se arrepiente. Cada vez que intentaba hacerlo, mi corazón me decía "no lo hagas, son tus recuerdos", pero mi mente gritaba "basta, estás llena de recuerdos".
Así que me decidí. Sé que ellos harán feliz a alguien más, a final de cuentas, esa es la función principal de un juguete: hacer feliz a un niño, sin importar quién sea.
Llegarán a manos de alguien más e igual que como hicieron conmigo, harán de la infancia de alguien, la más feliz de todas.

Aunque debo confesar que no pude deshacerme de todos... siempre es bueno tener un recuerdo en el corazón.


jueves, 23 de junio de 2011

Show must go on


En la vida hay momentos que nunca se olvidan. Hay momentos en que nuestro rostro es el peor delator de nuestros sentimientos. Y hay sentimientos que, queriendo o sin querer, nos dejan lecciones para toda la vida.

Esa expresión en tu rostro, es algo que jamás olvidaré. Ese momento en que tu vida estaba cambiando, cambió por completo la mía. Ninguna de las dos podía creer lo que estaba sucediendo. Es cierto que la vida cambia en un instante, pero esos instantes parecen durar años. Es increíble cómo unos lo tienen todo y otros esperan tener algo más.

Estabas frente a mi con el mundo derrumbado, quise componerlo, pero era demasiado tarde. Lo único que pude hacer fue ofrecerte mis brazos para que pudieras llorar hasta cansarte. Y así fue. Quería decirte que todo iba a estar bien, pero yo misma no podía articular una sola palabra. No sabía qué decir, ni qué hacer. Los minutos se hacían inmensos y tu tristeza, también.

Sé que no es fácil por lo que estás atravesando y sé que te preocupan muchas cosas ahora, lo único que te puedo decir es que tengas fe. La fe siempre ayuda a salir adelante, no por nada mueve montañas. Y las montañas que ahora no te dejan ver, mañana serán sólo recuerdos de un mal momento.

La vida no siempre es como quisiéramos que fuera. Hay muchas cosas que no entendemos y que nunca lograremos comprender. Pero de lo que sí estoy segura es que la noche es más obscura justo cuando va a salir el sol. En menos de lo que crees, volverás a ver el amanecer y reiremos de nuevo, con esa enorme sonrisa que te caracteriza.

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos… muy cierto. Por ahora el telón ha bajado un poco para tomar un respiro. La orquesta está afinando de nuevo. Esperan tocar sus mejores notas. El acto dos está por comenzar y es necesario bajar el telón para que todos se sorprendan al ver la nueva escenografía que está por representar el mundo que te rodea. Los actores intercambian papeles, los bailarines ensayan sus pasos más alegres. Los guiones están por escribirse: lo que has vivido ha sido sólo el comienzo. Lo importante es que la protagonista sigues siendo tú. Y aunque detrás del telón te sientas destrozada y confundida, la oscuridad no te deja ver el gran público que tienes esperando por ti. Todo el equipo confía en ti y ya no puedes defraudarlos (defraudarnos, claro). Así que, las luces están por prenderse, la orquesta toca las primeras notas, el público retoma sus asientos. Todos regresan a sus posiciones. Es momento de que te maquilles, cambies de vestuario, dibujes una sonrisa en tu rostro y te luzcas más que nunca. Es momento de que se levante de nuevo el telón y demuestres porqué este acto es mucho mejor que el anterior. Es momento de que demuestres quién eres y tienes que hacer lo mejor, porque a final de cuentas, el show debe continuar.

Te Quiero Mucho y siempre contarás conmigo.

Gracias por todo.

domingo, 12 de junio de 2011

Y allí estaba yo.

Y allí estaba yo tratando de descifrar tu mirada. Siempre ha sido complicado leer tu mente, pero tus ojos son tan sinceros que no puedo evitar perderme en ellos. No sabía qué pensabas tú de mi, pero sabía que en ti había encontrado mi perdición.

Allí estaba yo frente a ti. Frente al peor conjunto de mis más hermosos miedos, frente a los temores que nunca me había atrevido a enfrentar. Y allí estaba yo dispuesto a vencerlos, a dar un paso, un paso siempre atrás de ti. Allí estaba yo pensando que quizá no era lo correcto, pero sintiendo lo que siempre creí perfecto. Estaba yo frente a mi sueño, frente a mi propio reflejo. Porque en ti había encontrado lo que era en realidad, lo que deseaba ser y lo que quería tener el resto de mis días.. sólo para mi.

Estaba frente a ti sin saber qué pasaría después. Sin saber si lo que hacía era racional, sin saber si después me lo podría perdonar a mi mismo. No me importaba el perdón, ni el temor, ni el control. Pero no podía perderlo en ese momento, porque entonces quizá, dejaría de tenerte frente a mi, para siempre. No quería dejarte ir. Ahí estaba yo teniendo un encuentro conmigo mismo, contigo, con los dos. En tu mirada podía ver lo que veías de mi y seguía sin ser lo que tú merecías. Lo que tú habías merecido, siempre.

Allí estaba yo con mi maleta de recuerdos, sin palabras en la mente, con las manos llenas de caricias. Estaba con el alma vacía, entregándote lo que siempre había sido tuyo. Estaba yo frente a ti robándome mi libertad, comprometiendo lo que nunca había sido mío, abandonando lo que siempre se había aferrado a mi. Estaba yo frente a ti, traicionándome a mi mismo. Traicionando lo que nunca habíamos sido.

Estaba yo tratando de detener el tiempo, dejando escapar entre mis dedos todos mis sueños. Estaba yo rezando en pequeños susurros, rezando para no perder lo que más había querido en el mundo. Y allí estaba yo, tratando de descifrar tus palabras, tratando de evitar la realidad. Una realidad que me había alcanzado y de la cual, nunca hubiera podido escapar. Porque ahí estabas tú enseñándome el final de los cuentos felices. Repitiéndome una y otra vez que en la vida uno no tiene todo lo que quiere y que a pesar de los dolores hay que aprender a seguir caminando. Estabas tú diciéndome que todo había terminado. Tu mirada no me decía nada, era tu boca la que repetía una y otra vez, que estaba cansada de mis besos. Eran tus manos las que me alejaban de ti y yo sólo estaba frente a ti deseando una segunda oportunidad. Estaba tratando de entender las ironías de la vida y estabas tú haciéndomelas entender. Estabas tú dándome la libertad que no quería, dándome la culpa que aprendería a cargar con el paso del tiempo. Estabas tú dándome vacíos, regalándome recuerdos, provocándome el odio a mi mismo. Estabas tú armando interrogantes, regresándome lo que ya no quería. Allí también estabas tú. Y sin embargo, yo seguía viendo a la que siempre había querido, a la que querría conmigo el resto de mis días. Estabas tú pisoteando los planes, adelantando el reloj, deshaciendo mis sueños. Estabas tú con las manos vacías de recuerdos, con el alma cansada de esperar. Estabas tú poniendo fin a nuestra historia, terminando un ciclo que aún me cuesta cerrar. Después de mucho tiempo recuerdo ese momento y se me eriza cada centímetro de la piel. A veces imagino que esa sensación me perseguirá para siempre. A veces imagino que mi corazón volverá a amar. A veces sólo miro atrás y recuerdo tu mirada, esa mirada indescifrable que un día dejó de verme y que en ocasiones, en silencio, vuelvo a recordar. Recuerdo aquel día en que estaba yo frente a ti y frente a mi sólo quedé yo.

martes, 31 de mayo de 2011

Y curiosamente muero...


Y curiosamente muero, por temor a la muerte. Sé que suena paradójico pero le temo demasiado para seguir vivo. Uno no debe vivir con temores, porque entonces ya no está viviendo y debo confesar que hace mucho, empecé a cargar con un temor que me quita el sueño. Pienso en él la mayoría del tiempo, de hecho, si el día tuviera más horas, más tiempo pensaría en él. Es un temor que no me deja vivir tranquilo. Muchas ocasiones pienso en cómo llegará, porque estoy seguro de que llegará. De hecho, es lo único seguro que tengo en la vida; y creo que eso es lo que más me atemoriza. Lo peor, es que no sólo me quita el sueño, me quita lo que más amo, cuando menos lo espero. Me quita la oportunidad de vivir las segundas partes, los momentos inolvidables.. Me deja sólo con la imaginación y la idea de lo que pudo haber sido. Yo no quiero vivir así, de recuerdos vagos e ilusiones falsas. Porque uno no olvida.. no es cierto que el tiempo lo borra todo.. cada momento, cada ausencia se va quedando en ti y yo no quiero llenarme de vacíos. Yo no quiero llenarme de tristezas. El corazón se recupera, sí, pero a ratos, pesa demasiado. Sabes que en cualquier momento vendrá por ti, pero qué tal que antes de ti, hay muchas personas antes. Personas que son parte de tu vida y que nunca quieres ver partir. A mi que no me digan que es parte de la ley natural y esas cosas. Yo no creo en eso. Llega y punto. No te avisa, no toca tu puerta. Es maleducada y engreída. Siente derechos sobre todo, sobre todos. Y lo peor es que los tiene. Por eso quiero darle los míos, porque siempre han sido suyos y yo no quiero que ella decida por mi. Yo quiero decidir su venida, su llegada. Total, es mi muerte, ¿qué no?. Pueden llamarle cobardía.. pero ella también lo es. Como no puede consigo, se roba la vida de los demás. Bastarda. Traidora. Nos deja aquí, con el alma partida, con las manos vacías. Yo no quiero llenarme de fotos amarillas, eso es para los que extrañar. Yo ya no quiero extrañar. Yo nunca he sido valiente, siempre le tuve miedo hasta a mi propia sombra, pero es que la condenada me seguía a todas partes y yo no entendía porqué, aunque corriera muy rápido, ella no se iba. Después aprendí a vivir con ella, pero lo malo es que no me deja cuando quiero estar solo. Los temores me estrujen los huesos, me vacían las venas. Yo no quiero vivir vacío, sin fondo. Yo no sé vivir así. Nunca he podido acostumbrarme.
Siempre he tenido curiosidad por aquellas historias que la gente cuenta antes de morir. Según que, la condenada, se te aparece en formas extrañas, hasta en parientes que te piden los acompañes. Dicen que aparece un túnel con una luz brillante que, si sigues, llegas hasta ella. Hasta hay quienes dicen haber regresado y volvieron a vivir. Yo no quiero que ella se aparezca. Quiero ser yo quien la enfrente y le diga en su cara que no le di la oportunidad de buscarme, yo la busqué cuando yo quise. Yo decidí sobre mi vida y también quiero decidir sobre mi muerte. Pero como no sé a qué hora llegará, prefiero agarrar mi maleta llena de años, de casas, de miradas y ruinas. Llena de flores, camas y despedidas.. de teléfonos, cartas, y abrazos. Quiero agarrar esa maleta y llevármela para el otro mundo. Es todo lo que me quedará después de decidirme. A mi que no me llamen cobarde… soy más valiente que cualquiera que se sienta a esperarla. Soy más valiente porque no quiero vivir con resentimientos, con despedidas y remordimientos. No quiero vivir sintiendo que en cualquier momento me va a alcanzar. Por eso me voy. Me voy a buscarla, me voy porque ya no quiero que me quite lo que amo. Porque los temores se han comido mi ser y aunque lo intento, no logro desvanecerlos. Me voy porque el alma me lo exige. Porque espero una vida en donde ya no haya muerte. No me importa si hay reencarnación, capaz que en otras vidas soy un animal o un simple mueble que no siente. Me da igual.. total, prefiero ser una silla que vive sin preocupaciones, sin angustias, que un ser humano que vive feliz sabiendo que algún día, toda esa felicidad será robada por una embustera. No quiero una vida de corazones rotos y pies cansados. No quiero una vida de sonrisas falsas y mentiras a medias. Por eso me voy y dejo la vida. Regreso la vida, a quien quiera que me la haya dado, se la doy porque no la quiero. Porque le temo a la muerte y es justamente por ese temor que me arranca la carne, que hoy, muero.