Y allí estaba yo tratando de descifrar tu mirada. Siempre ha sido complicado leer tu mente, pero tus ojos son tan sinceros que no puedo evitar perderme en ellos. No sabía qué pensabas tú de mi, pero sabía que en ti había encontrado mi perdición.
Allí estaba yo frente a ti. Frente al peor conjunto de mis más hermosos miedos, frente a los temores que nunca me había atrevido a enfrentar. Y allí estaba yo dispuesto a vencerlos, a dar un paso, un paso siempre atrás de ti. Allí estaba yo pensando que quizá no era lo correcto, pero sintiendo lo que siempre creí perfecto. Estaba yo frente a mi sueño, frente a mi propio reflejo. Porque en ti había encontrado lo que era en realidad, lo que deseaba ser y lo que quería tener el resto de mis días.. sólo para mi.
Estaba frente a ti sin saber qué pasaría después. Sin saber si lo que hacía era racional, sin saber si después me lo podría perdonar a mi mismo. No me importaba el perdón, ni el temor, ni el control. Pero no podía perderlo en ese momento, porque entonces quizá, dejaría de tenerte frente a mi, para siempre. No quería dejarte ir. Ahí estaba yo teniendo un encuentro conmigo mismo, contigo, con los dos. En tu mirada podía ver lo que veías de mi y seguía sin ser lo que tú merecías. Lo que tú habías merecido, siempre.
Allí estaba yo con mi maleta de recuerdos, sin palabras en la mente, con las manos llenas de caricias. Estaba con el alma vacía, entregándote lo que siempre había sido tuyo. Estaba yo frente a ti robándome mi libertad, comprometiendo lo que nunca había sido mío, abandonando lo que siempre se había aferrado a mi. Estaba yo frente a ti, traicionándome a mi mismo. Traicionando lo que nunca habíamos sido.
Estaba yo tratando de detener el tiempo, dejando escapar entre mis dedos todos mis sueños. Estaba yo rezando en pequeños susurros, rezando para no perder lo que más había querido en el mundo. Y allí estaba yo, tratando de descifrar tus palabras, tratando de evitar la realidad. Una realidad que me había alcanzado y de la cual, nunca hubiera podido escapar. Porque ahí estabas tú enseñándome el final de los cuentos felices. Repitiéndome una y otra vez que en la vida uno no tiene todo lo que quiere y que a pesar de los dolores hay que aprender a seguir caminando. Estabas tú diciéndome que todo había terminado. Tu mirada no me decía nada, era tu boca la que repetía una y otra vez, que estaba cansada de mis besos. Eran tus manos las que me alejaban de ti y yo sólo estaba frente a ti deseando una segunda oportunidad. Estaba tratando de entender las ironías de la vida y estabas tú haciéndomelas entender. Estabas tú dándome la libertad que no quería, dándome la culpa que aprendería a cargar con el paso del tiempo. Estabas tú dándome vacíos, regalándome recuerdos, provocándome el odio a mi mismo. Estabas tú armando interrogantes, regresándome lo que ya no quería. Allí también estabas tú. Y sin embargo, yo seguía viendo a la que siempre había querido, a la que querría conmigo el resto de mis días. Estabas tú pisoteando los planes, adelantando el reloj, deshaciendo mis sueños. Estabas tú con las manos vacías de recuerdos, con el alma cansada de esperar. Estabas tú poniendo fin a nuestra historia, terminando un ciclo que aún me cuesta cerrar. Después de mucho tiempo recuerdo ese momento y se me eriza cada centímetro de la piel. A veces imagino que esa sensación me perseguirá para siempre. A veces imagino que mi corazón volverá a amar. A veces sólo miro atrás y recuerdo tu mirada, esa mirada indescifrable que un día dejó de verme y que en ocasiones, en silencio, vuelvo a recordar. Recuerdo aquel día en que estaba yo frente a ti y frente a mi sólo quedé yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario