Y,
entonces entendí que la vida es solo una. Que si no aprendes a vivirla,
difícilmente sabrás lo que es estar muerto. Que por más despacio que camines,
el destino siempre te encuentra y aunque corras huyendo de tus miedos, ellos
siempre te alcanzan; y entonces entendí que el secreto no está en huir de
ellos, sino en aprender a enfrentarlos aceptando lo que traen consigo.
Entendí
que lo único que puedes reprocharte es no haber luchado por tus sueños y que,
en ocasiones, se vale morir en el intento.
Entendí
que el agradecimiento es una muestra de humildad y que reconocer los errores
siempre será una lección de aprendizaje. Que los amigos son incondicionales y
que siempre se debe tener una reserva de afecto para aquellos que más lo
necesitan.
Entonces,
entendí que cuando entregas el corazón, lo entregas por completo, porque las
cosas a medias, son cosas incompletas y que justo, en el punto exacto en que el
corazón ya no es tuyo, sabes lo que es ser verdaderamente feliz.
Entendí
que hasta el sol quema si recibes demasiado. Que la vida no te niega nada, sólo
te pide que esperes un poco más.
Entendí que el sabor de la derrota sólo sazona
el sabor de la victoria y que las satisfacciones comienzan por uno mismo.
Entendí que cada persona tiene su propio lugar en el mundo y ese lugar, es
especial. Entendí que los detalles son muestra de cariño y que un pequeño
saludo, puede cambiar el día de cualquiera. Entendí que hay cosas con las que
no se juega y muchas otras que no se deben tomar tan en serio.
Que el resultado
siempre dependerá de las expectativas que tengamos sobre nuestra realidad y que
ser feliz, en verdad no cuesta nada.
Esto, es sólo el trailer de la película que está por comenzar.

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