Bienvenida al mundo en donde impera la ley del más prepotente. Por eso a las personas no les gusta su realidad, porque saben que no pueden ser como son, sin máscaras, o de lo contrario no podrán obtener lo que creen que es mejor para ellos. Por eso cerramos los ojos, no nos gusta mirar lo que hay frente a nosotros, porque sabemos que algo no anda bien, pero tampoco importa si quieres solucionar las cosas.
Bienvenida al mundo de las groserías, agresiones, superficialidades. Al mundo en donde no importa lo capaz o inteligente que seas, ser barbero y arribista te lleva mucho más alto que los demás. Y no para tener mayor alcance para mirar, sino para creer que eres más que los otros. Bienvenida al mundo en donde no existen los derechos, sólo las obligaciones y las amenazas. En donde tienes que defenderte con los dientes, sino, te come vivo. Bienvenida a la necedad, pobreza, miseria, vacío espiritual y personal. Bienvenida al mundo en donde la gente hace lo posible por sobrevivir... Por no morir en el intento. Bienvenida al mundo de lo material, lo banal, lo que poco valor tiene en la vida.
Una pseudo-vida, porque eso no es vivir. No todo es color rosa, lo sé, pero tampoco debe ser de color gris.
Es cierto que la vida no es justa pero tratar de vivirla justamente, ya no es suficiente.
En ocasiones me da miedo pensar e imaginarme qué es lo que hay allá afuera. A qué tendremos que enfrentarnos y si todo lo que hemos aprendido nos servirá para defendernos con uñas y dientes.
Me da miedo pensar que algún día tendrás que dejar de lado tus criterios, tus convicciones, las lecciones de vida y lo que se arraiga en ti y te da valor como ser humano, para convertirte en una persona más a la que no le interesa nada, más que su bien propio, es más, ni eso le interesa; lo único que busca es la forma de fregar al otro.
Todos, en algún momento de nuestra vida, unos antes otros después, de una forma o de otra, tenemos que enfrentarnos al mundo "real" y hoy, fue mi bienvenida oficial.
No quiero perderme en el camino...