
Esta historia la escribí para un trabajo de Derecho en la Prepa..
Encierra cierto misterio.. El protagonista de ésta historia, existía.. sólo que cambié su nombre para poder redactarla mejor... y la escribí pensando en él. Aunque nunca imaginé que se volvería realidad.
Unos meses después de haberla escrito, Mauricio, en la historia, sufrió un accidente y murió...
De haber sabido que algo así iba a suceder, juro jamás la hubiese escrito. Sé que eso no existe, y que la historia, ya se escribió, es sólo que en ocasiones pensamos que las palabras son sólo eso.. palabras y a veces dicen más de lo que pensamos...
Lástima que el "hubiera" no existe..
Te extraño...
"Una historia que se volvió realidad"
"Una historia que se volvió realidad"
A un lado de la carretera de las Torres de Satélite hay una pequeña cruz. Si esta cruz pudiera hablar te narraría esta triste historia.
Hace apenas dos años, Mauricio vivía la etapa, en la que según decían sus padres, sería la mejor de toda su vida.
Cuando ingresó a la Preparatoria, toda su vida cambió. De repente un día, tenía más amigos que nunca y había conocido a la niña más encantadora que jamás hubiese imaginado.
El estudio nunca había sido un problema para él y el deporte había sido su mejor desahogo.
Mauricio era un excelente hijo y un muy buen ejemplo para sus hermanos. Era el chico ideal de cualquier niña soñadora y el amigo perfecto para cualquier persona.
La historia fue así…
El regreso a clases había llegado. Su último año de preparatoria y su próximo ingreso a la universidad, estaban a punto de comenzar.
Se sentía diferente, se había propuesto ser el mejor de su clase y conseguir la beca para la universidad que deseaba. Estaba decidido a ser lo que siempre había deseado ser y lo que sus padres querían que fuera.
El primer día de clases se levantó con una nueva actitud, estaba convencido de que la vida sería dependiendo de la visión que tuviera de ella, y de verdad deseaba que fuera buena. Se sentó en la mesa para desayunar como todos los días y saludó a sus papás y a sus dos hermanos menores con una sonrisa que radiaba felicidad. Platicaron sólo un rato y se fue a la escuela, sin antes darle un beso a su mamá agradeciendo el desayuno.
En el camino a la escuela, escuchaba uno de esos grupos que, en los años sesenta, fueron un éxito total, “The Doors” con la canción que más amaba en el mundo “touch me“. Todo le parecía diferente, bueno.
Al llegar al estacionamiento, se encontró con dos de sus mejores amigos, Roberto y Luís. Habían crecido juntos y los mejores momentos de su vida, excepto los de su familia, los había pasado a lado de ellos.
Comenzaron a hablar acerca de cómo sería el año escolar, y lo que harían al finalizarlo. Planearon todo el año en sólo veinte minutos. Se imaginaron en el viaje de generación y en su baile de graduación. Planearon desde las fiestas los viernes así como las mil citas que tendrían con mil chicas diferentes. Todo sería genial, su último año sería el mejor.
Sonó el timbre y la primera hora los estaba esperando.
Al llegar al salón, se encontró con Elena. Eran muy buenos amigos. Habían compartido obras de teatro juntos, fiestas y se acoplaban bien como pareja de baile, pero él no sabía el secreto que ella guardaba.
Él notó algo diferente en ella y ella lo abrazó con gran emoción, después de no haberse visto más de dos meses.
Su día marchó bien, pensaba que, si el año iba a ser así, sería algo que disfrutaría al máximo.
Los días transcurrieron y cada día era mejor que el anterior.
La primera fiesta llegó. Sería en casa de un amigo y estaba invitada toda la generación. Presumían en que sería algo genial.
Mauricio se puso de acuerdo con sus amigos y a las diez en punto llegaron al lugar. Sabía que se la pasaría bien, pero jamás imaginó qué tanto. Media hora después, hubo algo que robó su atención. Parecía ser una persona a la que siempre había visto como una niña más, pero esa noche, la vio de una manera diferente. Elena. Ella lo vio y corrió a saludarlo. Él se sintió sorprendido y un poco asustado, la verdad es que no entendía lo que estaba sintiendo en ese momento, pero tampoco le preocupó mucho. Lo que planeaba ser una noche de alcohol y cigarro, se transformó en una noche de plática y baile. No hubo un momento en toda la noche, en que se separaran. Algo especial ocurría entre ellos y sin saberlo, sería el comienzo de algo que podía durar toda la vida.
Al lunes siguiente, Mauricio apenas podía verla como una amiga. Él sabía que algo especial había en ella, y no había dejado su cabeza en todo el fin de semana. Ella aseguraba que él la veía como una amiga pero dentro de sí, imaginaba con el día en que él se diera cuenta de lo que sentía y su historia de amor, tomara otro rumbo.
Luís y Roberto lo notaban diferente. Mauricio apenas lograba concentrarse, mientras que Elena pasaba horas completas pensando en cómo poder conquistar su corazón.
Iban pasando los días y cada vez que se encontraban y sus miradas se cruzaban, cada uno sentía algo que, nunca antes, habían sentido.
Una tarde, en casa de Roberto, se reunieron más amigos, incluyendo Mauricio. Sus temas de conversación iban desde el automóvil del año, hasta la situación del país. Reían y bebían, y en realidad no les preocupaba las consecuencias que, un solo trago, podía tener.
Dos meses después, los dieciocho años de Mauricio llegaron, y con ellos, el mejor regalo que le habían dado.
Elena planeó una sorpresa para ese día. Pensaba en la forma de cautivar y sorprender a Mauricio. Días antes de su cumpleaños, habló con su mamá y quedó de verla en su casa para platicar con ella. Cuando llegó, Elena le contó de la idea que tenía en mente y su mamá encantada, le ayudó. Entre varios álbumes de fotos, sacaron todas aquellas en que se revelaban los recuerdos de una vida feliz.
A Elena le llevó un fin de semana hacer ese regalo, pero esperó más de nueve meses para tener esa oportunidad.
El martes 10 de Octubre, Mauricio recibió un disco pensando que sería uno de esos que traen canciones quemadas o algo similar. Se sintió algo desilusionado porque esperaba algo “especial” por parte de Elena, y creyó que ella lo había olvidado. Al llegar a su casa, sintió curiosidad por saber qué contenía el disco. Cuando lo puso en el reproductor de la PC de su computadora, sintió emoción, en el fondo sabía que ella no lo olvidaría. De repente, un video se abrió. Era su vida. Una serie de fotografías de él, revelando los mejores momentos de su vida, corrían en la pantalla. Dieciocho años en tres minutos y la canción de “Touch me” de fondo, era la mayor sensación de sentimientos encontrados que nunca antes había sentido. No supo bien qué hacer en ese momento. No sabía si tomar el teléfono y llamarla o tomar el coche e ir a verla para darle un gran abrazo y decirle que lo había hecho la persona más feliz del mundo. Sin pensarlo mucho optó por la segunda opción y fue a buscarla.
Al llegar, nervioso y emocionado, tocó la puerta y esperó. Cuando Elena lo vio, antes de que pudiera decir algo, él la tomó entre sus brazos y la apretó con más fuerza que nunca. Ella no sabía si hablar y decir lo que estaba sintiendo, pero entendió que sus miradas podían decir todo lo que tenían planeado.
A partir de ese día, todo cambió. Él comenzaba a extrañarla y ella se sentía confundida y con miedo a la vez. Las llamadas por teléfono se volvieron más frecuentes y las salidas “casuales” ocurrían con más casualidad. Todo era perfecto.
Una mañana, se encontraron en el pasillo de la escuela. Él, decidido a invitarla a salir, se acercó con una mirada diferente. Ella decidida a decirle lo que sentía, lo saludó y notó su actitud nerviosa. Entre risas y miradas, buscó valor dentro de sí y le preguntó si aceptaría salir con él, ella, confundida y emocionada, aceptó con una gran sonrisa poniendo hora a la esperada cita.
Cinco minutos después, Mauricio le contaba a sus amigos el gran acontecimiento que tendría esa tarde y ellos lo felicitaban como si hubiera logrado lo que tanto deseaba.
Ese día, fue especial.
A las seis de la tarde en punto, Mauricio estaba en casa de Elena con flores en mano. Cuando ella salió a abrirle, mil hormigas corrieron por el cuerpo de Mauricio y en ese momento supo que estaba en el lugar correcto con la persona correcta.
Y ahí estaban los dos. Con mil palabras en mente y ninguna en sus bocas. Mauricio, después de pensarlo, al menos veinte veces, le confesó lo que estaba sintiendo. Le dijo que la quería y que lo que estaba sintiendo por ella era más grande que cualquier otra cosa. No le negaba que al principio la había visto como una amiga, pero que con el tiempo, ella se había convertido en algo especial y le preguntó si quería pasar su tiempo con él porque él estaría encantado de compartir su tiempo con ella. Elena, con un montón de sentimientos mezclados, pensaba en que había estado esperando escuchar esas palabras por más de un año, y fue entonces cuando comprendió que la espera había valido la pena. Con una mirada dulce, respondió que si y con un beso tierno, su historia había tomado otro sentido.
Los días fueron los mejores de las vidas de ambos. Pasaban todo el tiempo juntos y cualquier ocasión era buena para recordarse que se tenían el uno al otro.
Mauricio era una persona diferente. Su familia y amigos lo veían más contento que nunca. Jugaba con sus hermanos y se tomaba tiempo para ayudarle a su mamá en el restaurante de comida italiana que tenían. Elena también era diferente. Pasaba horas contando su historia de ella y Mauricio, y sus amigas se emocionaban junto con ella, al saber que los dos estaban más enamorados que nunca.
Las fiestas de los viernes, cada día eran más frecuentes. Estaba disfrutando su último año de preparatoria como lo habían planeado. Mauricio era solo un bebedor “social”, prefería reservarse de la bebida y ser responsable de la compañía de Elena, mientras que Roberto y Luís, amaban el alcohol y cada vez que tenían oportunidad bebían hasta perder la conciencia. Decían que era divertido. Mauricio por más que intentaba hablar con ellos, no lograba hacerlos entrar en razón, hasta que se cansaba y prefería dejarlos en paz antes de provocar alguna discusión.
Elena trataba de hablar con Mauricio y tratar de hacerlo entender que Roberto y Luís lo hacían por diversión, pero a Mauricio no le gustaba verlos así, creía que algún día podría pasarles algo y él no quería perderlos por una tontería así, sin embrago, esa no era una razón suficientemente válida o razonable para Roberto y Luís, y dejar a un lado el alcohol.
Cuando cumplieron tres meses de novios, Mauricio decidió hacerle una cena “especial”. Sería una sorpresa que ella nunca podría olvidar.
Cuando Elena llegó, todo el lugar era mágico, de verdad era algo que Elena nunca olvidaría.
A la mitad de la noche, Mauricio le dijo que lo que sentía por ella era lo más hermoso que había vivido y que quería pasar su vida entera con ella. Elena le dijo que lo quería y que después de tanto tiempo, había comprendido que la espera había valido la pena. Que nunca había querido a alguien así y que apenas podía creer que estuvieran juntos, que nunca iba a permitir que se alejaran y perderlo. Esa noche hicieron una promesa. A tan sólo dieciocho años de edad, se prometieron una vida juntos, algo difícil de creer y un tanto de locura, pero para dos adolescentes, comenzando a vivir, nada era imposible.
Esa noche se imaginaron juntos para siempre. Creían que no habría nada en el mundo que los pudiera separar.
Al día siguiente, mientras Elena dormía, una llamada interrumpió el silencio de su hogar.
La madre de Elena, un tanto preocupada por la noticia que le esperaba al otro lado de la bocina, entró al cuarto de ella, despertándola con movimientos nerviosos y un tanto atemorizantes.
Elena, aún dormida, preguntó quién llamaba. Era el padre de Mauricio.
La madre de Elena, no sabía lo que estaba pasando, sólo veía las señas que hacía su hija hasta el momento en que su habla calló y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. El padre de Mauricio le explicó que la noche anterior, después de dejarla en su casa, Mauricio había sufrido un accidente. Un conductor en estado de ebriedad, había estrellado su auto contra el de Mauricio, privándolo al momento, de la vida. El conductor había tratado de darse a la fuga, pero su intento fue en vano cuando la policía logró atraparlo y llevarlo al ministerio público, mientras tanto, el cuerpo de Mauricio moría en una noche que jamás olvidaría.
De un momento a otro, Elena estaba gritando deseando que, le dijesen que la noticia no era cierta y que sólo era una broma cruel del destino.
Horas después, Elena estaba en el funeral de Mauricio. Las flores que ahí veía, no se comparaban en nada a las de la noche anterior. Cómo deseaba que Mauricio le dijese que todo iba a estar bien. Pero sabía que no, sabía que el hombre que había esperado durante mucho tiempo, estaba muerto por culpa de un conductor inconciente que pudo haber sido Roberto o Luís en alguna de esas divertidas de alcohol.
La madre de Mauricio estaba inconsolable. Sus hermanos no entendían bien lo que estaba sucediendo, no entendían porqué mamá y papá estaban vestidos de negro y por qué había tanta gente llorando alrededor de un ataúd. No entendían que el cuerpo al que le lloraban, era del ejemplo que ya nunca podrían tener.
Cuando Elena se acerco a la caja, empezó a llorar. Quería morir con él. Pensó que aquello no era justo, que un día antes se habían prometido la vida entera juntos y que ahora, tendría que vivirla ella sola. No era justo porque Mauricio era enemigo del alcohol y al final había muerto por ello.
Luís y Roberto pensaban en que ya no habría más. Ni fiestas, ni viaje, ni graduación. Mauricio no terminaría la prepa con ellos y no habría una segunda oportunidad. Ya no habría más secretos, regaños ni confesiones. Se habían terminado las risas, el llanto, la confianza, los abrazos, los consejos, las lecciones y el amor. Todo estaba ahora en recuerdos vagos y dispersos en algún lugar del corazón.
Cada una de las personas que rodeaban la vida y el mundo de Mauricio, tendrían que aprender a vivir sin él, y así lo hicieron. No fue fácil pero entendieron que la vida seguía y que con Mauricio o sin él, tenían que seguir adelante.
El conductor que terminó con la vida de Mauricio, recibió su castigo. Según el código Penal del Estado de México, éste tendría que cumplir una pena de tres a doce años de prisión, de cincuenta a doscientos días multa y suspensión del derecho para conducir, claro, un castigo que no se comparaba en nada al dolor y resignación que Elena, Roberto, y Luís tendrían que vivir a causa de la ausencia y pérdida de Mauricio.
Hoy, dos años después, Elena va, como cada 10 de Octubre, a visitar a Mauricio. Esta sentada en aquel lugar donde se prometieron amor eterno. Esta sentada tratando de entender en que momento el sueño terminó. Miles de momentos vienen a su mente, recuerda uno y lo olvida al segundo siguiente, Tiene ideas que no logra distinguir.
Trata de recordar a Mauricio. Su sensibilidad, su madurez. Las lecciones que nunca aprendió y las que nunca olvidó. Las lecciones de compartir y ayudar. Las cicatrices que permanecen, las cicatrices del cuerpo, la mente y la piel, esa piel que fue razón de locura para un alma ardiente de pasión.
Observar las hojas caer y aquella noche en que todo fue mágico. Por un momento se encuentra frente a aquel hombre incondicional, que la enseñó a jugar, a reír, a amar… que le ayudó a encontrar su fortaleza cuando ella creía haberla perdido… Aquel hombre que fue cómplice y amigo, aquel hombre que nunca olvidó.
De repente, una silueta invade su memoria. Una rosa, un beso, una carta, un alma, palabras, promesas que nunca fueron cumplidas… un pacto, un adiós y la melancolía invade su alma, una lágrima cae de sus ojos y no puede evitar sentir nostalgia. Su primer amor y un suspiro echa al viento. Está recordándolo, y recordando su partida y siente el mismo coraje e impotencia que sintió en el momento en que no lo pudo detener, hasta que se dio cuenta, que nunca lo dejó ir y que siempre fue, su más bella espera.
Recuerda los bailes aquellos en los que disfrutaba una buena melodía y una agradable compañía. El gusto de compartir una reunión y también una ilusión. Los suspiros invaden su alma. Sólo le quedan recuerdos y las lágrimas comienzan a fluir.
Está sentada, y ve la tarde morir sabe que a si voltea a su lado, Mauricio ya no está físicamente, pero si lo busca en su corazón, lo encontrará fácilmente.
Sigue llorando…, no sabe si algún día dejará de hacerlo cuando vuelva a recordarlo y llora en su alma y llora en su rostro...
Hace apenas dos años, Mauricio vivía la etapa, en la que según decían sus padres, sería la mejor de toda su vida.
Cuando ingresó a la Preparatoria, toda su vida cambió. De repente un día, tenía más amigos que nunca y había conocido a la niña más encantadora que jamás hubiese imaginado.
El estudio nunca había sido un problema para él y el deporte había sido su mejor desahogo.
Mauricio era un excelente hijo y un muy buen ejemplo para sus hermanos. Era el chico ideal de cualquier niña soñadora y el amigo perfecto para cualquier persona.
La historia fue así…
El regreso a clases había llegado. Su último año de preparatoria y su próximo ingreso a la universidad, estaban a punto de comenzar.
Se sentía diferente, se había propuesto ser el mejor de su clase y conseguir la beca para la universidad que deseaba. Estaba decidido a ser lo que siempre había deseado ser y lo que sus padres querían que fuera.
El primer día de clases se levantó con una nueva actitud, estaba convencido de que la vida sería dependiendo de la visión que tuviera de ella, y de verdad deseaba que fuera buena. Se sentó en la mesa para desayunar como todos los días y saludó a sus papás y a sus dos hermanos menores con una sonrisa que radiaba felicidad. Platicaron sólo un rato y se fue a la escuela, sin antes darle un beso a su mamá agradeciendo el desayuno.
En el camino a la escuela, escuchaba uno de esos grupos que, en los años sesenta, fueron un éxito total, “The Doors” con la canción que más amaba en el mundo “touch me“. Todo le parecía diferente, bueno.
Al llegar al estacionamiento, se encontró con dos de sus mejores amigos, Roberto y Luís. Habían crecido juntos y los mejores momentos de su vida, excepto los de su familia, los había pasado a lado de ellos.
Comenzaron a hablar acerca de cómo sería el año escolar, y lo que harían al finalizarlo. Planearon todo el año en sólo veinte minutos. Se imaginaron en el viaje de generación y en su baile de graduación. Planearon desde las fiestas los viernes así como las mil citas que tendrían con mil chicas diferentes. Todo sería genial, su último año sería el mejor.
Sonó el timbre y la primera hora los estaba esperando.
Al llegar al salón, se encontró con Elena. Eran muy buenos amigos. Habían compartido obras de teatro juntos, fiestas y se acoplaban bien como pareja de baile, pero él no sabía el secreto que ella guardaba.
Él notó algo diferente en ella y ella lo abrazó con gran emoción, después de no haberse visto más de dos meses.
Su día marchó bien, pensaba que, si el año iba a ser así, sería algo que disfrutaría al máximo.
Los días transcurrieron y cada día era mejor que el anterior.
La primera fiesta llegó. Sería en casa de un amigo y estaba invitada toda la generación. Presumían en que sería algo genial.
Mauricio se puso de acuerdo con sus amigos y a las diez en punto llegaron al lugar. Sabía que se la pasaría bien, pero jamás imaginó qué tanto. Media hora después, hubo algo que robó su atención. Parecía ser una persona a la que siempre había visto como una niña más, pero esa noche, la vio de una manera diferente. Elena. Ella lo vio y corrió a saludarlo. Él se sintió sorprendido y un poco asustado, la verdad es que no entendía lo que estaba sintiendo en ese momento, pero tampoco le preocupó mucho. Lo que planeaba ser una noche de alcohol y cigarro, se transformó en una noche de plática y baile. No hubo un momento en toda la noche, en que se separaran. Algo especial ocurría entre ellos y sin saberlo, sería el comienzo de algo que podía durar toda la vida.
Al lunes siguiente, Mauricio apenas podía verla como una amiga. Él sabía que algo especial había en ella, y no había dejado su cabeza en todo el fin de semana. Ella aseguraba que él la veía como una amiga pero dentro de sí, imaginaba con el día en que él se diera cuenta de lo que sentía y su historia de amor, tomara otro rumbo.
Luís y Roberto lo notaban diferente. Mauricio apenas lograba concentrarse, mientras que Elena pasaba horas completas pensando en cómo poder conquistar su corazón.
Iban pasando los días y cada vez que se encontraban y sus miradas se cruzaban, cada uno sentía algo que, nunca antes, habían sentido.
Una tarde, en casa de Roberto, se reunieron más amigos, incluyendo Mauricio. Sus temas de conversación iban desde el automóvil del año, hasta la situación del país. Reían y bebían, y en realidad no les preocupaba las consecuencias que, un solo trago, podía tener.
Dos meses después, los dieciocho años de Mauricio llegaron, y con ellos, el mejor regalo que le habían dado.
Elena planeó una sorpresa para ese día. Pensaba en la forma de cautivar y sorprender a Mauricio. Días antes de su cumpleaños, habló con su mamá y quedó de verla en su casa para platicar con ella. Cuando llegó, Elena le contó de la idea que tenía en mente y su mamá encantada, le ayudó. Entre varios álbumes de fotos, sacaron todas aquellas en que se revelaban los recuerdos de una vida feliz.
A Elena le llevó un fin de semana hacer ese regalo, pero esperó más de nueve meses para tener esa oportunidad.
El martes 10 de Octubre, Mauricio recibió un disco pensando que sería uno de esos que traen canciones quemadas o algo similar. Se sintió algo desilusionado porque esperaba algo “especial” por parte de Elena, y creyó que ella lo había olvidado. Al llegar a su casa, sintió curiosidad por saber qué contenía el disco. Cuando lo puso en el reproductor de la PC de su computadora, sintió emoción, en el fondo sabía que ella no lo olvidaría. De repente, un video se abrió. Era su vida. Una serie de fotografías de él, revelando los mejores momentos de su vida, corrían en la pantalla. Dieciocho años en tres minutos y la canción de “Touch me” de fondo, era la mayor sensación de sentimientos encontrados que nunca antes había sentido. No supo bien qué hacer en ese momento. No sabía si tomar el teléfono y llamarla o tomar el coche e ir a verla para darle un gran abrazo y decirle que lo había hecho la persona más feliz del mundo. Sin pensarlo mucho optó por la segunda opción y fue a buscarla.
Al llegar, nervioso y emocionado, tocó la puerta y esperó. Cuando Elena lo vio, antes de que pudiera decir algo, él la tomó entre sus brazos y la apretó con más fuerza que nunca. Ella no sabía si hablar y decir lo que estaba sintiendo, pero entendió que sus miradas podían decir todo lo que tenían planeado.
A partir de ese día, todo cambió. Él comenzaba a extrañarla y ella se sentía confundida y con miedo a la vez. Las llamadas por teléfono se volvieron más frecuentes y las salidas “casuales” ocurrían con más casualidad. Todo era perfecto.
Una mañana, se encontraron en el pasillo de la escuela. Él, decidido a invitarla a salir, se acercó con una mirada diferente. Ella decidida a decirle lo que sentía, lo saludó y notó su actitud nerviosa. Entre risas y miradas, buscó valor dentro de sí y le preguntó si aceptaría salir con él, ella, confundida y emocionada, aceptó con una gran sonrisa poniendo hora a la esperada cita.
Cinco minutos después, Mauricio le contaba a sus amigos el gran acontecimiento que tendría esa tarde y ellos lo felicitaban como si hubiera logrado lo que tanto deseaba.
Ese día, fue especial.
A las seis de la tarde en punto, Mauricio estaba en casa de Elena con flores en mano. Cuando ella salió a abrirle, mil hormigas corrieron por el cuerpo de Mauricio y en ese momento supo que estaba en el lugar correcto con la persona correcta.
Y ahí estaban los dos. Con mil palabras en mente y ninguna en sus bocas. Mauricio, después de pensarlo, al menos veinte veces, le confesó lo que estaba sintiendo. Le dijo que la quería y que lo que estaba sintiendo por ella era más grande que cualquier otra cosa. No le negaba que al principio la había visto como una amiga, pero que con el tiempo, ella se había convertido en algo especial y le preguntó si quería pasar su tiempo con él porque él estaría encantado de compartir su tiempo con ella. Elena, con un montón de sentimientos mezclados, pensaba en que había estado esperando escuchar esas palabras por más de un año, y fue entonces cuando comprendió que la espera había valido la pena. Con una mirada dulce, respondió que si y con un beso tierno, su historia había tomado otro sentido.
Los días fueron los mejores de las vidas de ambos. Pasaban todo el tiempo juntos y cualquier ocasión era buena para recordarse que se tenían el uno al otro.
Mauricio era una persona diferente. Su familia y amigos lo veían más contento que nunca. Jugaba con sus hermanos y se tomaba tiempo para ayudarle a su mamá en el restaurante de comida italiana que tenían. Elena también era diferente. Pasaba horas contando su historia de ella y Mauricio, y sus amigas se emocionaban junto con ella, al saber que los dos estaban más enamorados que nunca.
Las fiestas de los viernes, cada día eran más frecuentes. Estaba disfrutando su último año de preparatoria como lo habían planeado. Mauricio era solo un bebedor “social”, prefería reservarse de la bebida y ser responsable de la compañía de Elena, mientras que Roberto y Luís, amaban el alcohol y cada vez que tenían oportunidad bebían hasta perder la conciencia. Decían que era divertido. Mauricio por más que intentaba hablar con ellos, no lograba hacerlos entrar en razón, hasta que se cansaba y prefería dejarlos en paz antes de provocar alguna discusión.
Elena trataba de hablar con Mauricio y tratar de hacerlo entender que Roberto y Luís lo hacían por diversión, pero a Mauricio no le gustaba verlos así, creía que algún día podría pasarles algo y él no quería perderlos por una tontería así, sin embrago, esa no era una razón suficientemente válida o razonable para Roberto y Luís, y dejar a un lado el alcohol.
Cuando cumplieron tres meses de novios, Mauricio decidió hacerle una cena “especial”. Sería una sorpresa que ella nunca podría olvidar.
Cuando Elena llegó, todo el lugar era mágico, de verdad era algo que Elena nunca olvidaría.
A la mitad de la noche, Mauricio le dijo que lo que sentía por ella era lo más hermoso que había vivido y que quería pasar su vida entera con ella. Elena le dijo que lo quería y que después de tanto tiempo, había comprendido que la espera había valido la pena. Que nunca había querido a alguien así y que apenas podía creer que estuvieran juntos, que nunca iba a permitir que se alejaran y perderlo. Esa noche hicieron una promesa. A tan sólo dieciocho años de edad, se prometieron una vida juntos, algo difícil de creer y un tanto de locura, pero para dos adolescentes, comenzando a vivir, nada era imposible.
Esa noche se imaginaron juntos para siempre. Creían que no habría nada en el mundo que los pudiera separar.
Al día siguiente, mientras Elena dormía, una llamada interrumpió el silencio de su hogar.
La madre de Elena, un tanto preocupada por la noticia que le esperaba al otro lado de la bocina, entró al cuarto de ella, despertándola con movimientos nerviosos y un tanto atemorizantes.
Elena, aún dormida, preguntó quién llamaba. Era el padre de Mauricio.
La madre de Elena, no sabía lo que estaba pasando, sólo veía las señas que hacía su hija hasta el momento en que su habla calló y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. El padre de Mauricio le explicó que la noche anterior, después de dejarla en su casa, Mauricio había sufrido un accidente. Un conductor en estado de ebriedad, había estrellado su auto contra el de Mauricio, privándolo al momento, de la vida. El conductor había tratado de darse a la fuga, pero su intento fue en vano cuando la policía logró atraparlo y llevarlo al ministerio público, mientras tanto, el cuerpo de Mauricio moría en una noche que jamás olvidaría.
De un momento a otro, Elena estaba gritando deseando que, le dijesen que la noticia no era cierta y que sólo era una broma cruel del destino.
Horas después, Elena estaba en el funeral de Mauricio. Las flores que ahí veía, no se comparaban en nada a las de la noche anterior. Cómo deseaba que Mauricio le dijese que todo iba a estar bien. Pero sabía que no, sabía que el hombre que había esperado durante mucho tiempo, estaba muerto por culpa de un conductor inconciente que pudo haber sido Roberto o Luís en alguna de esas divertidas de alcohol.
La madre de Mauricio estaba inconsolable. Sus hermanos no entendían bien lo que estaba sucediendo, no entendían porqué mamá y papá estaban vestidos de negro y por qué había tanta gente llorando alrededor de un ataúd. No entendían que el cuerpo al que le lloraban, era del ejemplo que ya nunca podrían tener.
Cuando Elena se acerco a la caja, empezó a llorar. Quería morir con él. Pensó que aquello no era justo, que un día antes se habían prometido la vida entera juntos y que ahora, tendría que vivirla ella sola. No era justo porque Mauricio era enemigo del alcohol y al final había muerto por ello.
Luís y Roberto pensaban en que ya no habría más. Ni fiestas, ni viaje, ni graduación. Mauricio no terminaría la prepa con ellos y no habría una segunda oportunidad. Ya no habría más secretos, regaños ni confesiones. Se habían terminado las risas, el llanto, la confianza, los abrazos, los consejos, las lecciones y el amor. Todo estaba ahora en recuerdos vagos y dispersos en algún lugar del corazón.
Cada una de las personas que rodeaban la vida y el mundo de Mauricio, tendrían que aprender a vivir sin él, y así lo hicieron. No fue fácil pero entendieron que la vida seguía y que con Mauricio o sin él, tenían que seguir adelante.
El conductor que terminó con la vida de Mauricio, recibió su castigo. Según el código Penal del Estado de México, éste tendría que cumplir una pena de tres a doce años de prisión, de cincuenta a doscientos días multa y suspensión del derecho para conducir, claro, un castigo que no se comparaba en nada al dolor y resignación que Elena, Roberto, y Luís tendrían que vivir a causa de la ausencia y pérdida de Mauricio.
Hoy, dos años después, Elena va, como cada 10 de Octubre, a visitar a Mauricio. Esta sentada en aquel lugar donde se prometieron amor eterno. Esta sentada tratando de entender en que momento el sueño terminó. Miles de momentos vienen a su mente, recuerda uno y lo olvida al segundo siguiente, Tiene ideas que no logra distinguir.
Trata de recordar a Mauricio. Su sensibilidad, su madurez. Las lecciones que nunca aprendió y las que nunca olvidó. Las lecciones de compartir y ayudar. Las cicatrices que permanecen, las cicatrices del cuerpo, la mente y la piel, esa piel que fue razón de locura para un alma ardiente de pasión.
Observar las hojas caer y aquella noche en que todo fue mágico. Por un momento se encuentra frente a aquel hombre incondicional, que la enseñó a jugar, a reír, a amar… que le ayudó a encontrar su fortaleza cuando ella creía haberla perdido… Aquel hombre que fue cómplice y amigo, aquel hombre que nunca olvidó.
De repente, una silueta invade su memoria. Una rosa, un beso, una carta, un alma, palabras, promesas que nunca fueron cumplidas… un pacto, un adiós y la melancolía invade su alma, una lágrima cae de sus ojos y no puede evitar sentir nostalgia. Su primer amor y un suspiro echa al viento. Está recordándolo, y recordando su partida y siente el mismo coraje e impotencia que sintió en el momento en que no lo pudo detener, hasta que se dio cuenta, que nunca lo dejó ir y que siempre fue, su más bella espera.
Recuerda los bailes aquellos en los que disfrutaba una buena melodía y una agradable compañía. El gusto de compartir una reunión y también una ilusión. Los suspiros invaden su alma. Sólo le quedan recuerdos y las lágrimas comienzan a fluir.
Está sentada, y ve la tarde morir sabe que a si voltea a su lado, Mauricio ya no está físicamente, pero si lo busca en su corazón, lo encontrará fácilmente.
Sigue llorando…, no sabe si algún día dejará de hacerlo cuando vuelva a recordarlo y llora en su alma y llora en su rostro...
"No es el principio de una vida sin ti.. Es el inicio de una cuenta regresiva hacia un reencuentro inlovidable..."
" NO TE PONGAS TRISTE ANTE UNA DESPEDIDA. UNA DESPEDIDA ES NECESARIA PARA VOLVER A REENCONTRARSE. Y UN REENCUENTRO DESPUÉS DE UN MOMENTO O DESPUÉS DE TODA UNA VIDA ES INEVITABLE SI DE VERDAD SON AMIGOS.."
Gracias amiga... no sabes lo bien que me hizo pensar en ello... gracias por decirlo cuando más lo necesité. Te Quiero !
1 comentario:
Mi niña solo t puedo decir k no estes triste xk aquellos a los k amamos nunk nos abandonan.
Me encanta tu forma de escribir y de expresarte.
Gracias por la confianza y recuerda k t kiero!!
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